¿Porqué mantienes unos determinados patrones de comportamiento aún a tu pesar?

 

 

Responder adecuadamente a esta pregunta comporta entrar de lleno en la realidad energética de la que formamos parte. Los últimos descubrimientos que se han hecho en todas las disciplinas científicas –neurociencia, biología (epigenética), física cuántica...– nos muestran una realidad muy diferente a la que se nos ha venido enseñando en las escuelas. Se nos ha inculcado una visión de la realidad como individuos aislados, condicionados por el determinismo genético, que supuestamente viven en un mundo fraccionado e inconexo. Por fortuna, la ciencia ha demostrado en los últimos años que esa visión del mundo no es real. Actualmente estamos experimentando una revisión radical de las ideas que hasta ahora manteníamos acerca de nosotros mismos y de nuestro mundo, y muchas de las teorías que considerábamos sagradas, incluida la teoría original de la evolución, se van redefiniendo a medida que contamos con más información.

 

En nuestro universo todo está conectado e interrelacionado, y nosotros, como seres humanos, somos parte activa de él.

El universo es una integración de campos de energía interdependientes.

La física cuántica nos dice que tanto nosotros como todo lo que nos rodea está compuesto de moléculas, que a su vez están integradas por átomos, constituidos por partículas subatómicas (protones, neutrones, electrones, quarks, etc.), que son minúsculos vórtices de energía invisible que giran y vibran de forma constante y con una cadencia propia. Serían como diminutos tornados, prácticamente «vacíos» por dentro y cada uno diferente del resto. Para hacernos una idea de las dimensiones de las que estamos hablando, piensa en una naranja. Si cogemos esa naranja y la inflamos hasta que alcance el tamaño de la Tierra, cada uno de sus átomos tendría aproximadamente el tamaño de una cereza. Imagínate: millones de cerezas (átomos) apretujadas dentro de una naranja del tamaño de la Tierra. A su vez, para poder distinguir algo en el interior de una de esas cerezas, deberíamos inflarla hasta alcanzar unas dimensiones en las que cupiese un campo de fútbol. Llegados a ese punto, su núcleo parecería una diminuta uva de menos de un centímetro de diámetro, sus electrones serían mucho más pequeños, y todo lo demás en su interior sería espacio vacío. El universo está formado de pequeñas partículas de energía infinitamente minúsculas. Poniendo suficiente cantidad de estas partículas energéticas juntas, obtenemos un átomo (hidrógeno, carbono, titanio, etc.). La unión de varios átomos forma moléculas (proteínas, grasas, hidratos de carbono, etc.), y de este modo llegamos a que todo lo que vemos a nuestro alrededor, y literalmente todo lo que existe, ya sea vegetal, animal, mineral, gas, líquido, sólido o cualquier otra cosa, está hecho de energía.

En consecuencia, tanto vos como yo somos energía en continuo movimiento, y cada uno de nosotros presenta su propia frecuencia de vibración energética.

 

Cada uno de nosotros somos energía en continuo movimiento con una frecuencia de vibración energética propia.

 

Una ley de la física nos dice que cuando dos ondas de energía entran en contacto, se suman, produciendo una interferencia constructiva o destructiva, en función de si se encuentran acompasadas o no. Que se produzca una interferencia constructiva significa que se amplifica la energía, es decir, que nos sentimos mejor. Si, por el contrario, entramos en una interferencia destructiva con otra energía, es como si perdiésemos vitalidad. Esta es la razón por la cual cuando estamos en presencia de ciertas personas nos sentimos mal, mientras que delante de otras, o simplemente con pensar en ellas, nos ocurre todo lo contrario. También es la causa de que nos sintamos atraídos por unos determinados modelos de automóviles, unos colores, unas formas, etc., que no coinciden con los gustos de los demás.

 

Cada uno tiene su propia frecuencia de vibración energética, y por tanto reacciona de forma diferente al entrar en contacto con otras personas, animales u objetos.

 

Otra ley de la física afirma que allá donde exista energía actúa un campo magnético asociado.

 

Como resultado, se produce la atracción o repulsión de otros campos magnéticos. En concreto, se atraen magnetismos similares y se repelen los opuestos. Que los perros se parezcan a sus amos no es casualidad, como tampoco lo es que se junten los niños traviesos, los estudiosos, las personas aficionadas a un determinado deporte, los pesimistas, etc.

 

En definitiva, aunque no seamos conscientes, estamos continuamente atrayendo a nuestra vida energías similares a las que emitimos. Si vibramos con una energía de tristeza, pesimismo, estrés, temor, culpabilidad o falta de autoestima, lo que atraeremos a nuestra vida serán situaciones y personas que entren en resonancia «constructiva» con esas vibraciones, de modo que haremos más fuertes esos sentimientos. Y al contrario, si vibramos con una energía positiva de alegría, optimismo, confianza o seguridad, atraeremos hacia nosotros situaciones y personas que amplifiquen y hagan más intensas esas emociones.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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 La biodecodificación no es Medicina. No se enseña en las universidades y no tiene tampoco ínfulas de querer reemplazar ningún sistema médico, ni tratamiento, ni medicación, ni diagnóstico, ni nada que pertenezca a la medicina. Quienes ejercemos esta ciencia arte no nos pretendemos médicos, solo somos terapeutas en esta disciplina que es COMPLEMENTARIA a la medicina tradicional.

 Personalmente, ubico la BIODECODIFICACION dentro de un todo que comprende todo lo que concierne a lo que denomino mecánica Emocional Evolutiva, en el que todo ser responde a las leyes precisas de la evolución espiritual, psíquico, cerebral y corporal. La Biología total comprende la relación de las emociones con los tres últimos elementos de esta lista, evitando abarcar interpretaciones filosóficas y espirituales puesto que poco importa la filosofía de cada individuo, esos tres elementos (psique, cerebro biológico y cuerpo) funcionaran perfectamente igual, independientemente de las convicciones filosóficas, religiosas o espirituales.

 La biodecodificacion no contempla las relaciones químicas y físicas de la misma manera que lo hace la medicina tradicional, y por lo tanto, no está calificada para emitir un diagnóstico, ni ordenar un tratamiento o una medicación ni a dar de alta a un paciente o a internarlo. ESAS SON ATRIBUCIONES EXCLUSIVAS DE LOS MEDICOS DIPLOMADOS.

El terapeuta en Biodecodificacion ético es el que recibe a un paciente que ha consultado a un médico, que tiene un diagnóstico y quien muy probablemente esté bajo tratamiento, si este existe para la enfermedad que aqueja a esa persona. También recibirá a aquellas personas por quienes los médicos no pueden hacer nada, con constancia del médico. Puesto que la Biodecodificacion no es una actividad medica sino eminentemente espiritual, se debe de respetar las leyes en vigencia y no dar materia a reprobación legal, ni asumir zonas grises en las responsabilidades de cada profesión: el medico es quien atiende la enfermedad de un paciente, el terapeuta en biología total es quien decodifica los programas biológicos que desembocaron en la enfermedad de una persona, que no es su paciente sino su consultante.   

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