Enojoūüė†


Cuando hablamos de enojo nos estamos refiriendo a reacciones desmedidas con respecto a lo que est√° ocurriendo.

¬ŅY cu√°l ser√≠a la explicaci√≥n que tiene desde la biodecodificaci√≥n?

Cuando se activan simultáneamente dos grandes focos, pertenecientes a la cuarta etapa de la biología (hemisferio frontal) a los conflictos que se denominan territoriales. El hombre naturalmente marca su territorio, establece límites, da a conocer su identidad dentro de ese territorio, se organiza y vive dentro de él.

Esta cuarta etapa responde a los conflictos relacionales y de comunicación. Podría darse por ejemplo: un hombre tiene un conflicto de contrariedad indigesta, algo que le molesta mucho, que no puede digerir, que le provoca cólera o ira, (el foco está en el hemisferio del cerebro del lado hábil), y arriba se le suma un conflicto de no reconocimiento o de identidad (el foco está en el hemisferio del cerebro del lado contrario). Esta combinación da como resultado una constelación, es como si ambos se anularan mutualmente y el resultado es la constelación de la violencia o la agresividad.

Para el caso detallado anteriormente, las preguntas serían:

‚ÄĘ ¬ŅEn qu√© momento no ha habido un reconocimiento de la identidad?

‚ÄĘ ¬ŅQu√© situaci√≥n ha vivido como contrariedad indigesta?

La unión de estas dos, da como resultado el enfado de manera violenta. Desactivando alguna de las dos partes, y luego la otra, desaparece la situación violenta.

En un hombre se comienza desactivando el no reconocimiento de la identidad y luego la situaci√≥n indigesta. (Hombre diestro).ūüĎ®

En una mujer se comienza con la situaci√≥n indigesta y luego el reconocimiento de la identidad (mujer diestra).ūüĎ©

En caso de hombre o mujer zurdo, es al revés.

En todo caso es interesante reflexionar acerca de la pregunta:

¬ŅSi el otro no existe, quien es el que te tiene que reconocer, si no eres t√ļ mismo?

Podemos ilustrar todo esto con un ejemplo que se da a menudo en la vida diaria. Imaginemos una madre con su ni√Īo en un parque. El ni√Īo juega y se ensucia con arena. Cuando deciden regresar a su casa y en camino hacia el auto, la madre advierte al ni√Īo que antes de subir, deber√° sacudirse la arena para no ensuciar. El ni√Īo, en su mundo de inocencia, de imaginaci√≥n est√° en su fantas√≠a (que es d√≥nde debe estar), va jugando y saltando. Cuando llega al lugar, no solo no se sacude la arena sino que pisa barro y se ensucia a√ļn m√°s.

Esta situaci√≥n en muchos casos enfurece a la madre quien reacciona con violencia, reta, sacude y a veces castiga f√≠sicamente al ni√Īo (diferentes grados). Esa madre toma y vive la situaci√≥n a nivel personal, considerando que es algo que ese ni√Īo se lo hizo a ella. Est√° sumando la contrariedad indigesta que le provoca el hecho de que le ensucien el auto, m√°s que le est√© faltando el respeto, porque no consider√≥ la orden que le ha dado a ese ni√Īo (por ejemplo: es un malcriado que nunca me hace caso). Se siente desvalorizada, no obedecida. Siente vulnerada su identidad de madre. En realidad el ni√Īo, no provoca ninguna de estas dos reacciones, es que a trav√©s del ni√Īo que se disparan ambas y nos est√°n avisando que revisemos en nuestro interior cual es el motivo por el cual lo hacen.