Enojo😠


Cuando hablamos de enojo nos estamos refiriendo a reacciones desmedidas con respecto a lo que está ocurriendo.

¿Y cuál sería la explicación que tiene desde la biodecodificación?

Cuando se activan simultáneamente dos grandes focos, pertenecientes a la cuarta etapa de la biología (hemisferio frontal) a los conflictos que se denominan territoriales. El hombre naturalmente marca su territorio, establece límites, da a conocer su identidad dentro de ese territorio, se organiza y vive dentro de él.

Esta cuarta etapa responde a los conflictos relacionales y de comunicación. Podría darse por ejemplo: un hombre tiene un conflicto de contrariedad indigesta, algo que le molesta mucho, que no puede digerir, que le provoca cólera o ira, (el foco está en el hemisferio del cerebro del lado hábil), y arriba se le suma un conflicto de no reconocimiento o de identidad (el foco está en el hemisferio del cerebro del lado contrario). Esta combinación da como resultado una constelación, es como si ambos se anularan mutualmente y el resultado es la constelación de la violencia o la agresividad.

Para el caso detallado anteriormente, las preguntas serían:

• ¿En qué momento no ha habido un reconocimiento de la identidad?

• ¿Qué situación ha vivido como contrariedad indigesta?

La unión de estas dos, da como resultado el enfado de manera violenta. Desactivando alguna de las dos partes, y luego la otra, desaparece la situación violenta.

En un hombre se comienza desactivando el no reconocimiento de la identidad y luego la situación indigesta. (Hombre diestro).👨

En una mujer se comienza con la situación indigesta y luego el reconocimiento de la identidad (mujer diestra).👩

En caso de hombre o mujer zurdo, es al revés.

En todo caso es interesante reflexionar acerca de la pregunta:

¿Si el otro no existe, quien es el que te tiene que reconocer, si no eres tú mismo?

Podemos ilustrar todo esto con un ejemplo que se da a menudo en la vida diaria. Imaginemos una madre con su niño en un parque. El niño juega y se ensucia con arena. Cuando deciden regresar a su casa y en camino hacia el auto, la madre advierte al niño que antes de subir, deberá sacudirse la arena para no ensuciar. El niño, en su mundo de inocencia, de imaginación está en su fantasía (que es dónde debe estar), va jugando y saltando. Cuando llega al lugar, no solo no se sacude la arena sino que pisa barro y se ensucia aún más.

Esta situación en muchos casos enfurece a la madre quien reacciona con violencia, reta, sacude y a veces castiga físicamente al niño (diferentes grados). Esa madre toma y vive la situación a nivel personal, considerando que es algo que ese niño se lo hizo a ella. Está sumando la contrariedad indigesta que le provoca el hecho de que le ensucien el auto, más que le esté faltando el respeto, porque no consideró la orden que le ha dado a ese niño (por ejemplo: es un malcriado que nunca me hace caso). Se siente desvalorizada, no obedecida. Siente vulnerada su identidad de madre. En realidad el niño, no provoca ninguna de estas dos reacciones, es que a través del niño que se disparan ambas y nos están avisando que revisemos en nuestro interior cual es el motivo por el cual lo hacen.